Junto con la invasión de los españoles, no sólo llegaron caballos, pólvora, la religión católica, el idioma español, etc.; también llegaron prejuicios.
El estatus de los indígenas peruanos era particularmente ofensivo, una especie de “casi seres humanos” (a diferencia de los negros que no eran humanos, en su concepción). Por ello se les asignaba a los españoles Ayllus enteros, con el pretexto de evangelizarlos; siendo que este recibía a cambio de manera gratuita (por el favor que les estaba haciendo) su fuerza de trabajo. Por ello durante la Colonia los esclavos de origen africano eran más cuidados que los indígenas, pues estos eran bienes onerosos, mientras que recibían a los indígenas (esclavos en la práctica) sin costo alguno.
Lo concreto es que “los occidentales” nos impusieron la concepción de ser ellos humanos de calidad superior, impusieron patrones de belleza, de conducta, de conocimiento, etc. Somos una población eminentemente mestiza, sin embargo son mejor tratados aquellos que se asemejan más al prototipo de persona occidental, blanco, de ojos claros; herencia funesta y patética, que nosotros mismos nos encargamos de perpetuar (por ejemplo con el típico comentario de vieja: es de buena raza) a pesar de ya no existir la dominación española. A esto se ha venido a sumar el imperialismo cultural de Estados Unidos, que nos vende su sociedad y prototipos de belleza, como los más apropiados (por ejemplo mujeres blancas, de cabellos claros, anoréxicas, enfermas… y cuya máxima exponente no es otra que la Barbie que compramos para nuestras hijas).
Y qué mejor exponente de lo sostenido que la publicidad; comerciales, paneles, catálogos de jóvenes y niños de rasgos caucásicos, rubios y blancos ellos, felices de parecerse un poco más que la mayoría a los europeos y gringos; son ellos quienes aparecen indiscriminadamente en los medios, un tipo de sujeto con que el peruano promedio no puede identificarse, pero que es vendido como la cúspide de la belleza, con el subsiguiente acomplejamiento de quienes no son como él (la mayoría).
Hay sin embargo toma de conciencia, parte de la sociedad civil que se organiza para combatir estas prácticas. Así surge el “Operativo Cuerazos Peruanos”, levantando una voz de protesta, para que la publicidad sea inclusiva del sector mayoritario, del mestizo como usted y yo.
Por eso el sábado 05 de mayo se reunieron frente a locales de Saga Falabella y Ripley, para protestar, y generar responsabilidad empresarial y conciencia social. La edición online de la república nos informa:
“La publicidad en el Perú, muchas veces, se ve objeto de una serie de prejuicios y estereotipos asumiendo que las únicas personas bellas, las únicas personas atractivas o con éxito son las personas de rasgos blancos y rubios, grupo minoritario en nuestro país. Al componer dichas imágenes nos ofenden”, manifestó el representante de la Coordinadora de Derechos Humanos, Wilfredo Ardito.
Los organizadores también solicitaron a la ciudadanía que envíen desde una página web cartas a Saga Falabella y Ripley en las que se les manifieste que refuerzan “estereotipos racistas que asocian el atractivo físico, el éxito profesional y la felicidad a personas blancas y rubias”.

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